" Nunca es demasiado tarde, o temprano para ser quien quieras ser. No hay límite de tiempo, empieza cuando quieras. Puedes cambiar o quedarte igual. Esto no tiene reglas.Sacarle lo mejor a tu peor momento. Ojalá le saques lo mejor. Ojalá puedas ver cosas que te detengan. Ojalá puedas sentir cosas que jamás sentiste. Ojalá conozcas personas con puntos de vista diferentes. Ojalá vivas una vida de la que te enorgullezcas. Y si no es así… Ojalá tengas la fuerza de empezar de cero."





sábado, 16 de octubre de 2010

El hilo rojo




El Hilo Rojo (o el hilo rojo del destino) es una leyenda anònima de origen chino, que dice que entre dos personas que están destinadas a tener un lazo afectivo existe un hilo rojo, que viene con ellas desde su nacimiento. El hilo existe independientemente del momento de sus vidas en el que las personas vayan a conocerse y no puede romperse en ningùn caso, aunque a veces pueda estar màs o menos tenso, pero es, siempre, una muestra del vìnculo que existe entre ellas.

El texto literal dice:


Un hilo rojo invisible
conecta a aquellos
que estàn destinados a encontrarse,
sin importar tiempo, lugar o circunstancias.
El hilo se puede estirar o contraer,
pero nunca romper.

Tal vez esta leyenda tenga parte de verdad, porque es innegable que existe algo que nos une y nos hace encontrarnos con la persona adecuada o destinada. En nuestra vida, podemos conocer a muchas personas, pero siempre existen aquellas que son especiales y es como que hay algún lazo invisible que nos une a estas personas para siempre.




Comparto a continuación este texto que me dejo mi amiga Laura, y que merece la pena asociarlo al post y transmitirlo. Gracias Lau!!!!!!!!





"Lazos de amor"

Hay alguien especial para cada uno de nosotros.
A menudo, nos están destinados dos, tres y hasta cuatro seres.
Pertenecen a distintas generaciones y viajan
a través de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales
para encontrarse de nuevo con nosotros.
Proceden del otro lado, del cielo.

Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce,
porque los ha amado en los desiertos de Egipto
iluminados por la luna y en las antiguas llanuras de Mongolia.
Con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerreros
y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad.
Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad
y nunca nos abandonarán.

Es posible que nuestra mente diga: “Yo no te conozco”.
Pero el corazón sí le conoce.

Él o ella nos agarran de la mano por primera vez
y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo
y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser.
Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela
a través de los siglos. El corazón nos da un vuelco.
Se nos pone la piel de gallina.
En ese momento todo lo demás pierde importancia.
Puede que no nos reconozcan a pesar de que finalmente
nos hayamos encontrado otra vez,
aunque nosotros sí sepamos quiénes son.
Sentimos el vínculo que nos une.
También intuimos las posibilidades, el futuro.
En cambio, él o ella no lo ve.
Sus temores, su intelecto y sus problemas forman un velo
que cubre los ojos de su corazón,
y no nos permite que se lo retiremos.
Sufrimos y nos lamentamos mientras
el individuo en cuestión sigue su camino.
Tal es la fragilidad del destino.

La pasión que surge del mutuo reconocimiento
supera la intensidad de cualquier erupción volcánica,
y se libera una tremenda energía.
Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato.
Nos invade de repente un sentimiento de familiaridad,
sentimos que ya conocemos profundamente a esta persona,
a un nivel que rebasa los límites de la conciencia,
con una profundidad que normalmente está reservada
para los miembros más íntimos de la familia.
O incluso más profundamente.
De una forma intuitiva, sabemos qué decir
y cuál será su reacción. Sentimos una seguridad
y una confianza enormes,
que no se adquieren en días, semanas o meses.

Pero el reconocimiento se da casi siempre
de un modo lento y sutil. La conciencia se ilumina
a medida que el velo se va descorriendo.
No todo el mundo está preparado para percatarse al instante.

Hay que esperar el momento adecuado,
y la persona que se da cuenta primero
tiene que ser paciente.

Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo o un sentimiento
podemos llegar a reconocer a un alma gemela.
Sus manos nos rozan o sus labios nos besan,
y nuestra alma recobra vida súbitamente.

El contacto que nos despierta tal vez sea el de un hijo,
hermano, pariente o amigo íntimo.
O puede tratarse de nuestro ser amado que,
a través de los siglos;
llega a nosotros y nos besa de nuevo
para recordarnos que permaneceremos siempre juntos,
hasta la eternidad.

(Brian Weiss)

3 comentarios:

Primavera dijo...

Ohh que cosa mas bonita de esta leyenda la desconocia por completo, ojala fuera asi, que ese lazo no se rompa jamas-
Primavera

María Laura dijo...

Cin te dejo algo que recordé al leer esta leyenda. No sé si será verdad o no lo que dice, pero es muy bello creer en algo como esto. Se llama "Lazos de amor":

Hay alguien especial para cada uno de nosotros.
A menudo, nos están destinados dos, tres y hasta cuatro seres.
Pertenecen a distintas generaciones y viajan
a través de los mares, del tiempo y de las inmensidades celestiales
para encontrarse de nuevo con nosotros.
Proceden del otro lado, del cielo.

Su aspecto es diferente, pero nuestro corazón los reconoce,
porque los ha amado en los desiertos de Egipto
iluminados por la luna y en las antiguas llanuras de Mongolia.
Con ellos hemos cabalgado en remotos ejércitos de guerreros
y convivido en las cuevas cubiertas de arena de la Antigüedad.
Estamos unidos a ellos por los vínculos de la eternidad
y nunca nos abandonarán.

Es posible que nuestra mente diga: “Yo no te conozco”.
Pero el corazón sí le conoce.

Él o ella nos agarran de la mano por primera vez
y el recuerdo de ese contacto trasciende el tiempo
y sacude cada uno de los átomos de nuestro ser.
Nos miran a los ojos y vemos a un alma gemela
a través de los siglos. El corazón nos da un vuelco.
Se nos pone la piel de gallina.
En ese momento todo lo demás pierde importancia.
Puede que no nos reconozcan a pesar de que finalmente
nos hayamos encontrado otra vez,
aunque nosotros sí sepamos quiénes son.
Sentimos el vínculo que nos une.
También intuimos las posibilidades, el futuro.
En cambio, él o ella no lo ve.
Sus temores, su intelecto y sus problemas forman un velo
que cubre los ojos de su corazón,
y no nos permite que se lo retiremos.
Sufrimos y nos lamentamos mientras
el individuo en cuestión sigue su camino.
Tal es la fragilidad del destino.

La pasión que surge del mutuo reconocimiento
supera la intensidad de cualquier erupción volcánica,
y se libera una tremenda energía.
Podemos reconocer a nuestra alma gemela de un modo inmediato.
Nos invade de repente un sentimiento de familiaridad,
sentimos que ya conocemos profundamente a esta persona,
a un nivel que rebasa los límites de la conciencia,
con una profundidad que normalmente está reservada
para los miembros más íntimos de la familia.
O incluso más profundamente.
De una forma intuitiva, sabemos qué decir
y cuál será su reacción. Sentimos una seguridad
y una confianza enormes,
que no se adquieren en días, semanas o meses.

Pero el reconocimiento se da casi siempre
de un modo lento y sutil. La conciencia se ilumina
a medida que el velo se va descorriendo.
No todo el mundo está preparado para percatarse al instante.

Hay que esperar el momento adecuado,
y la persona que se da cuenta primero
tiene que ser paciente.

Gracias a una mirada, un sueño, un recuerdo o un sentimiento
podemos llegar a reconocer a un alma gemela.
Sus manos nos rozan o sus labios nos besan,
y nuestra alma recobra vida súbitamente.

El contacto que nos despierta tal vez sea el de un hijo,
hermano, pariente o amigo íntimo.
O puede tratarse de nuestro ser amado que,
a través de los siglos;
llega a nosotros y nos besa de nuevo
para recordarnos que permaneceremos siempre juntos,
hasta la eternidad.

(Brian Weiss)

Te dejo un beso grande.
Hasta pronto.

C i n t i t a ✿ܓ dijo...

Primavera
así es! ojalá no sé rompiera. Yo creo en esta historia.
besitos.-


ML
qué belleza el texto que me dejaste amiga, es hermoso. hay que creer, por supuesto.-
besiiiitos todos.- y graciasssssssssssssssssssssssssss!!!

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